DEPRESIÓN: LA IMPORTANCIA DE COMPRENDER EL PROBLEMA ANTES DE CULPARSE
GILGUT Psicólogos
11/20/20255 min read
La depresión no es un estado pasajero ni una simple tristeza. Es una forma de estar en el mundo que reduce el interés, empobrece el ritmo diario y altera la forma de pensar, sentir y actuar. Lo más desconcertante no es el dolor emocional en sí, sino cómo ese dolor se convierte en un modo de vida que cuesta desmontar desde dentro.
No se sostiene por “falta de voluntad” ni por “actitud negativa”. Se sostiene porque, una vez instalada, altera la manera en que el cerebro procesa la información, modifica el comportamiento, reduce los vínculos con lo que daba sentido y estrecha la vida hacia dentro.
Cuando la vida pierde dirección
Una de las características más frecuentes no es la tristeza intensa (que también existe), sino la ausencia de motivación y de interés. Las cosas dejan de importar, aunque objetivamente sigan siendo importantes. Hay quien lo describe como “funcionar en automático”, “vivir sin ganas”, “sentirse apagado” o “no experimentar nada”.
A nivel emocional pueden aparecer:
tristeza
vacío
irritabilidad
culpa
desesperanza
embotamiento (no sentir ni lo malo ni lo bueno)
Lo relevante no es la emoción aislada, sino cómo interfiere en la capacidad de vivir.
El proceso interno: pensamientos, conducta y contexto
Aunque desde fuera la depresión se vea como “ánimo bajo”, desde dentro se da una interacción más compleja:
El ánimo condicionado por experiencias o pérdidas.
Pensamientos que interpretan esas experiencias (a menudo de manera rígida o negativa).
Conductas que buscan proteger del malestar (evitar, posponer, aislarse).
Y un entorno que puede reforzar o dificultar la recuperación.
La combinación de estos elementos genera un círculo del que a veces es difícil salir:
↓ ánimo → ↓ actividad → ↓ refuerzo → ↑ pensamientos negativos → ↓ ánimo
(y así sucesivamente)
No hace falta entender el concepto para vivirlo.
Muchas personas lo relatan así: “No hacía nada porque no tenía energía, y al no hacer nada me sentía peor.”
Ese círculo es real y es uno de los grandes sostenedores del cuadro.
Pensar desde la depresión no es pensar desde la neutralidad
En depresión es común que la mente se llene de interpretaciones como:
“No aporto nada”
“Todo me sale mal”
“Voy a estar así siempre”
“Es mejor no molestar”
“No hay nada que valga la pena”
Estos no son “pensamientos voluntarios”, sino lecturas automáticas filtradas por el malestar. El estado depresivo favorece la lectura selectiva de lo negativo, la generalización a partir de pequeños errores y la descalificación de cualquier mejora. No es drama: es un cambio en el procesamiento.
Aquí encaja bien una idea de la neurociencia afectiva: cuando la red cerebral implicada en recompensa y motivación está hipoactivada, el cerebro procesa menos los estímulos positivos. No es que uno “no quiera verlos”, es que no tienen el mismo impacto emocional.
El papel de la conducta: cuando la evitación se vuelve refugio
Para entender por qué la depresión se mantiene, conviene mirar la conducta. Muchas personas empiezan a:
evitar situaciones sociales
posponer tareas
pasar más tiempo en cama o casa
dejar hobbies o hábitos
renunciar a responsabilidades que antes sostenían
Esto no ocurre por pereza. Ocurre porque esas conductas alivian momentáneamente la ansiedad, el agotamiento o la culpa. El problema es que, a medio plazo, reducen el contacto con experiencias gratificantes, y sin gratificación el ánimo se hunde más.
Este mecanismo aparece una y otra vez en consulta. No es voluntad lo que falta, es refuerzo.
El cuerpo también participa
La depresión no es solo mental. Afecta al cuerpo a través de:
sueño irregular (insomnio o hipersomnia)
alteraciones del apetito
cambios de peso
fatiga persistente
lentitud o agitación psicomotora
dolores difusos
problemas digestivos
La fisiología aquí importa. El sistema de estrés (eje HPA) suele estar activado o desregulado, y eso influye en energía, sueño, inflamación, etc. Por eso parte del abordaje pasa por ajustar ritmos corporales, no solo trabajar emociones.
Factores que predisponen, precipitan y mantienen
La depresión rara vez depende de una sola causa. Suele haber capas:
Predisponentes: personalidad perfeccionista, historia familiar, experiencias tempranas, sensibilidad al rechazo, bajas estrategias de regulación emocional.
Precipitantes: duelos, rupturas, enfermedades, estrés laboral, crisis vitales, cambios importantes, trauma.
Mantenedores: aislamiento, evitación, rumiación, falta de estructura diaria, pensamientos negativos, cansancio crónico, falta de apoyo.
Sin entender estas capas, el tratamiento se vuelve ensayo-error.
Función del síntoma: una idea necesaria
Aunque resulte contraintuitivo, la depresión cumple funciones, aunque sean costosas:
evita enfrentar decisiones difíciles
baja las demandas del entorno (nadie exige nada a quien está mal)
protege del fracaso (si no hago, no fallo)
anestesia frente a otros dolores emocionales
permite pedir ayuda sin tener que explicitar vulnerabilidades
No se “elige” la depresión, pero una vez instalada protege de algo. Y eso ayuda a entender por qué no es tan simple como “salir de ella”.
El entorno: apoyo, incomprensión o presión
El contexto social puede facilitar o dificultar la recuperación.
Lo que suele ayudar:
acompañamiento sin presión
validar el sufrimiento sin convencer ni demandar
apoyo en la estructura del día a día
pasos pequeños, no metas épicas
Lo que suele obstaculizar:
“anímate” o “piensa positivo”
comparaciones (“otros están peor”)
minimizar el dolor (“no es para tanto”)
sobreprotección o control excesivo
La depresión ya trae culpa de serie. Añadir juicio solo aumenta la carga.
El trabajo terapéutico: reconstruir ritmo, sentido y mirada
El tratamiento tiene varios ejes, que pueden combinarse según el caso:
Restaurar estructura y ritmo
Recuperar rutinización: sueño, horarios, autocuidado, actividades básicas. Es difícil pensar con claridad cuando el cuerpo va descompensado.
Reintroducir actividades valiosas
No se trata de llenar la agenda, sino de recuperar contacto con experiencias que aportan placer, dominio o conexión.
Explorar y cuestionar interpretaciones depresivas
Una de las claves del abordaje terapéutico. No para forzar optimismo, sino para abrir alternativas y comprobarlas con experiencia real.
Reducir rumiación
Darle vueltas no resuelve problemas. Se trabaja la atención, la toma de decisiones y la interrupción de bucles mentales.
Reforzar vínculos sociales
El aislamiento es gasolina para la depresión; la interacción es amortiguador.
Considerar medicación cuando es necesaria
Puede ser útil en casos moderados-severos, especialmente cuando hay inhibición marcada, desesperanza o alteraciones fisiológicas importantes.
Abordar duelos, traumas o conflictos subyacentes
A veces la depresión es una superficie de algo que tiene historia.
¿Cuándo pedir ayuda?
Tiene sentido consultar cuando:
el ánimo bajo se sostiene semanas
la vida se estrecha en lugar de expandirse
aparecen ideas de inutilidad o culpa intensa
el sueño y el apetito cambian de forma persistente
se abandona lo que antes era significativo
hay aislamiento
aparecen ideas de muerte o incapacidad para seguir
No es necesario esperar al colapso. Cuanto antes se intervenga, menos capas habrá que despegar.
Importante
La depresión no se reduce a una emoción. Es un estado que altera la percepción, el comportamiento, los vínculos y el cuerpo, y que empuja a una vida más pequeña, más silenciosa y más interior.
Comprender cómo funciona —no solo cómo se siente— es uno de los primeros pasos para deshacerla. El siguiente suele ser dejar de hacerlo solo.
Si estas palabras te resuenan, quizás el foco no deba ser “por qué estoy así”, sino qué necesito para dejar de estar luchando en solitario.
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