LA ADICCIÓN: CUANDO LA SOLUCIÓN TERMINA CONVIRTIÉNDOSE EN EL PROBLEMA

GILGUT Psicólogos

11/8/20256 min read

Las adicciones no empiezan con la intención de destruir nada. Suelen empezar como una forma de obtener alivio, pertenencia, calma o control, o como una manera de escapar de algo que se hace insoportable. Una copa para relajarse, un porro para dormir, rayas para aguantar la noche, apuestas para distraerse, una pastilla para sentirse “normal”, videojuegos para anestesiarse… el camino suele ser gradual y silencioso.

La clave para entender una adicción es la siguiente: al principio "funciona". La sustancia o la conducta produce algo que la persona "necesita". El problema es que, con el tiempo, el precio que hay que pagar aumenta y el beneficio disminuye, hasta que lo que servía para sostenerse termina sosteniéndose a sí mismo, tornándose en un cuadro psicopatológico sumamente complejo.

¿Qué es realmente una adicción?

Hablamos de adicción cuando hay un patrón repetido de consumo o conducta que:

  • resulta difícil de controlar

  • genera deterioro en alguna área de vida (emocional, social, laboral, familiar, física)

  • continúa a pesar de consecuencias negativas claras

  • produce craving (deseo intenso o urgencia de consumir)

  • se convierte en prioridad frente a otras actividades

La adicción no se explica por “falta de voluntad”. Una vez que el circuito de recompensa, aprendizaje y memoria se reorganiza alrededor del consumo o la conducta, el asunto se vuelve neuropsicológico, emocional y conductual. 

Sustancias vs. conductas: el mismo lenguaje, distintos escenarios

Las adicciones pueden girar en torno a sustancias (alcohol, cannabis, cocaína, benzodiacepinas, opiáceos, etc.) o conductas (juego, sexo, compra, pantallas, ejercicio, etc.). Lo relevante no es el objeto, sino la función:

  • ¿Para qué se consume o se realiza la conducta?

  • ¿Qué aporta?

  • ¿Qué evita?

  • ¿Qué pasa si no se hace?

Muchos consumos tienen una función reguladora: bajan ansiedad, anestesian dolor, rellenan vacío, otorgan identidad, ofrecen una sensación de pertenencia o ayudan a “no sentir”.

Qué hace que una adicción se mantenga

Las adicciones se sostienen por la combinación de tres procesos:

1. Refuerzo positivo

Al principio se obtiene placer, euforia, conexión, calma, desinhibición, rendimiento… algo que “compensa”.

2. Refuerzo negativo

Con el tiempo, ya no se consume para obtener algo, sino para evitar algo: ansiedad, abstinencia, tristeza, soledad, pensamientos, recuerdos.

Es el “consumo para no estar peor”.

3. Aprendizaje y memoria

El cuerpo y la mente asocian lugares, personas, horarios y estados emocionales con el consumo. Lo que empezó como elección se vuelve automatismo.

Por eso no sirve decir “deja de consumir y ya”. Hay que deshacer asociaciones, aprender otras formas de regularse y reconstruir una vida que no gire alrededor del consumo.

Lo que no se ve desde fuera

Desde fuera se suele juzgar a la persona: irresponsable, inmadura, débil, egoísta. Desde dentro, la experiencia suele ser:

  • ambivalencia (“quiero dejarlo, pero no puedo”)

  • vergüenza y culpa

  • miedo a perder el único recurso que calma

  • dependencia del grupo de consumo (a veces es el único espacio social)

  • miedo al vacío y a enfrentar emociones crudas

  • estados depresivos y ansiosos encubiertos

  • baja tolerancia a la frustración

  • necesidad de pertenencia

Es importante entender que nadie consume para arruinarse la vida. Se consume para aliviar algo que no se sabe manejar de otra manera.

Etapas del consumo: cómo evoluciona el problema

No todas las personas pasan por las mismas fases, pero hay un patrón que se repite:

  1. Inicio recreativo → curiosidad, pertenencia, ocio.

  2. Uso instrumental → “para dormir”, “para rendir”, “para sociabilizar”.

  3. Uso problemático → consecuencias negativas, pero sin pérdida total de control.

  4. Dependencia → la sustancia o conducta se vuelve centro de la vida.

El salto de una fase a otra no siempre es visible ni brusco. A veces el deterioro aparece cuando la persona ya ha perdido contacto con otras áreas significativas.

Neuropsicología de la adicción: ¿qué ocurre en nuestro cerebro?

En la adicción no solo cambia la relación con la sustancia; también cambia la forma en que el sistema nervioso evalúa amenazas, planifica y regula impulsos. Muy resumido:

Secuestro amigdalar
La amígdala, que es un centro de detección de amenaza y activación emocional, se vuelve más reactiva. Interpreta abstinencia, estrés o frustración como señales de peligro. Esto dispara emociones intensas que empujan al consumo como vía rápida de alivio o regulación.

Hipoactivación de la corteza prefrontal
La corteza prefrontal (encargada de control inhibitorio, toma de decisiones y ponderación de consecuencias) pierde fuerza funcional, especialmente bajo estrés o craving. No es que la persona “no piense”, sino que la capacidad de frenar el impulso se ve comprometida justo en el momento crítico.

Dominancia del sistema de recompensa
El circuito dopaminérgico que normalmente prioriza conductas adaptativas (logro, vínculo, curiosidad, aprendizaje) pasa a priorizar el consumo. Se produce un aprendizaje profundo: el cerebro asigna valor a la sustancia por encima de otras fuentes de refuerzo.

Consolidación de memoria asociativa
El hipocampo y otras estructuras consolidan pistas asociadas al consumo (lugares, horarios, emociones, personas, música), de modo que el craving no surge “porque sí”, sino por un estímulo aprendido que el cerebro procesa muy rápidamente.

Hiperactivación del sistema de estrés
Con el tiempo, el consumo deja de buscar placer y pasa a evitar malestar. La ausencia de la sustancia activa sistemas de estrés (como el eje HPA), generando ansiedad, irritabilidad o inquietud que empujan nuevamente al consumo.

Resultado final:
La balanza se inclina no porque “falte voluntad”, sino porque existe un desequilibrio real entre:

  • impulso emocional (amígdala + sistema de recompensa)

  • capacidad de freno (corteza prefrontal)

La recuperación implica, en gran parte, reentrenar estos sistemas: reducir reactividad emocional, restaurar funciones ejecutivas, crear nuevas memorias asociativas y encontrar fuentes de refuerzo alternativas.

Sustancias y emociones: un vínculo más profundo de lo que parece

Muchas personas describen el consumo como una forma de:

  • bajar ansiedad

  • “no pensar”

  • manejar la soledad

  • dormir

  • desinhibirse

  • ritualizar

  • sentirse parte de algo

Por eso hablar solo de “adicción” sin hablar de ansiedad, depresión, trauma, duelo o vacío existencial es incompleto.

En muchos casos, la adicción no es el origen, sino la capa que tapa el origen.

El entorno: entre el rescate y la expulsión

Familias y parejas suelen oscilar entre dos polos:

  • rescatar (cubrir consecuencias, pagar deudas, justificar)

  • expulsar (romper el vínculo, cortar contacto, castigar)

Ninguno de los dos extremos suele resolver el problema. Lo útil suele estar en un punto más complejo:

  • poner límites claros sin dejar de estar

  • acompañar sin controlar

  • validar el sufrimiento sin justificar la conducta

  • No confundir la persona con la adicción

Qué se trabaja en tratamiento

La intervención depende del momento y de la sustancia, pero en términos generales incluye:

  • desintoxicación (médica si es necesario)

  • psicoterapia individual (trabajo emocional y conductual)

  • psicoeducación (entender el ciclo)

  • aprendizaje de regulación emocional

  • desenganche del grupo de consumo

  • trabajo con la ambivalencia

  • prevención de recaídas

  • reconstrucción vital (ocio, vínculos, proyectos)

  • coordinación médica y psiquiátrica si procede

El tratamiento es más efectivo cuando se entiende que no se trata solo de “quitar la sustancia”, sino de sustituir la función que cumplía.

¿Qué pasa con las recaídas?

Aunque en terapia intentamos transmitir la idea de que la recaída no se debería concebir como parte inherente al proceso de recuperación, tampoco la podemos tachar de fracaso moral. No significa que la persona no quiera cambiar, significa que no tenía todavía suficientes recursos para sostener la abstinencia en ciertas condiciones y que, por ende, hay determinados factores que continúan ejerciendo una clara influencia en la persona.

Es por ello por lo que, en terapia, se analiza:

  • qué activó el impulso

  • qué se intentó hacer

  • qué faltó

  • qué se puede incorporar después

Esto permite construir tolerancia y aprendizaje, no castigo.

¿Cuándo pedir ayuda?

Tiene sentido consultar cuando:

  • la sustancia o conducta ocupa mucho tiempo mental

  • hay deterioro laboral, académico o familiar

  • hay mentiras, ocultamientos o dobles vidas

  • se consume para evitar emociones

  • hay síntomas depresivos o ansiosos asociados

  • el consumo es necesario para “estar bien”

  • hay consumo matutino

  • hay intentos fallidos de cortar

  • el entorno empieza a organizarse alrededor del consumo

Cuanto antes se trate, menos capas habrá que deshacer.

Qué deberías recordar

Las adicciones son intentos complicados de sobrevivir a algo. No se resuelven con sermones ni con fuerza de voluntad. Se trabajan reconstruyendo el sistema emocional, social y conductual que las sostiene, y devolviendo a la persona una forma de vivir que no dependa de una sustancia o de una conducta para seguir adelante.

Si te reconoces en algo de lo que has leído, puede que no sea el momento de preguntarte “¿por qué no puedo dejarlo?”, sino qué te da eso que aún no has podido encontrar en otro sitio —y empezar a explorarlo acompañado.