LA DEPRESIÓN: LA IMPORTANCIA DE COMPRENDER EL PROBLEMA ANTES DE CULPARSE
GILGUT Psicólogos
11/20/20257 min read
La palabra “depresión” se ha vuelto tan cotidiana que a veces pierde significado. Se utiliza para describir desde un mal día hasta un cuadro clínico que afecta al sueño, al apetito, a la energía y a la forma de mirar la vida. En este texto me voy a referir a la depresión como trastorno depresivo, es decir, como un conjunto de síntomas que se mantienen en el tiempo y que interfieren de forma clara en la vida de la persona.
Más que un estado puntual, la depresión es un modo de funcionamiento: cambia lo que uno siente, lo que piensa, lo que hace y la forma de relacionarse con los demás.
¿Qué es exactamente un trastorno depresivo?
Podemos entender un trastorno depresivo como la combinación de tres ejes:
Ánimo bajo de forma persistente: Sensación de desánimo, apatía, vacío o desconexión emocional que se mantiene durante semanas.
Pérdida de interés o motivación: Actividades que antes tenían sentido se viven ahora como una carga o directamente se dejan de hacer.
Deterioro en la vida diaria: Afecta al rendimiento (trabajo, estudios), al autocuidado, a las relaciones y a la capacidad para tomar decisiones.
No todas las personas lo viven igual. En algunos casos predomina la tristeza; en otros, la irritabilidad, la apatía o la sensación de estar “apagado por dentro”. Lo importante no es tanto la etiqueta, sino el impacto que tiene en la vida.
Cómo se manifiesta: síntomas frecuentes de la depresión
En la depresión suelen aparecer cambios en varios niveles. Simplificando, podríamos agruparlos así:
1. A nivel emocional
Desánimo, tristeza o vacío
Irritabilidad (más frecuente en adolescentes y adultos jóvenes)
Sensación de desgana o indiferencia
Mayor sensibilidad al rechazo o a la crítica
2. A nivel cognitivo (pensamientos)
Visión negativa de uno mismo (“no valgo”, “no aporto nada”)
Lectura pesimista del futuro (“nada va a cambiar”, “no tiene sentido intentarlo”)
Culpa excesiva por errores reales o imaginarios
Dificultad para concentrarse o tomar decisiones
Rumiaciones: darle vueltas una y otra vez a los mismos temas sin llegar a nada
3. A nivel conductual (lo que se hace o deja de hacer)
Reducción de actividades que antes eran importantes
Tendencia al aislamiento
Mayor tiempo en cama o en casa
Descuidar tareas básicas (gestiones, estudios, trabajo, casa)
4. A nivel físico
Cambios en el sueño: costar dormirse, despertarse varias veces, despertarse muy pronto o, al contrario, dormir muchas horas sin sentir descanso.
Cambios en el apetito: pérdida o aumento notable.
Cansancio constante o sensación de “no llegar”, aunque no se haya hecho gran cosa.
Tensión corporal, molestias somáticas (dolores de cabeza, musculares, sensación de opresión en el pecho…).
No hace falta que estén todos los síntomas para hablar de depresión, pero sí es un cuadro que va mucho más allá de “estar bajo de ánimo” un par de días.
¿Por qué aparece la depresión?
No hay una única causa, ni tampoco una explicación que sirva igual para todas las personas. Lo que sí sabemos es que suelen confluir varios factores:
Vulnerabilidad personal: rasgos de personalidad (perfeccionismo, alta autoexigencia, dificultad para pedir ayuda, tendencia a responsabilizarse en exceso).
Experiencias vitales: pérdidas, rupturas, estrés prolongado, problemas laborales o económicos, enfermedad física, historia de trauma, etc.
Factores biológicos: genética, funcionamiento de ciertos sistemas neuroquímicos, enfermedades médicas asociadas.
Contexto actual: falta de apoyo social, conflictos familiares o de pareja, precariedad, soledad.
Más que buscar “la causa”, suele ser útil entender cómo se ha ido encadenando todo hasta llegar al punto actual.
El círculo depresivo: por qué es tan difícil salir “tirando de uno mismo”
En la depresión se forma un círculo que tiende a alimentarse solo. De forma muy simplificada:
Baja el ánimo y la energía
→ cuesta hacer actividades, ver a gente, tomar decisiones.Se reducen actividades que daban estructura y sentido
→ menos contacto con reforzadores (placer, logro, conexión).Aumentan los pensamientos negativos
→ “no sirvo”, “esto no tiene arreglo”, “no aporto nada”.Se incrementa la pasividad o la evitación
→ se aplazan tareas, se renuncian a planes, se abandona lo que antes importaba.La vida se estrecha y se confirma la visión negativa
→ la persona se siente cada vez peor y más alejada de su versión previa.
Pedirle a alguien en este punto que “se anime” o que “ponga de su parte” suele ser injusto y poco efectivo. El problema no es de voluntad, sino de cómo se han ido organizando el día a día, los pensamientos y las emociones.
Diferenciar tristeza de depresión
La tristeza es una emoción necesaria: aparece ante pérdidas, frustraciones, cambios importantes… y suele disminuir con el tiempo. Durante un duelo, un cambio laboral o una ruptura, es esperable sentirse mal.
Hablamos más de depresión cuando:
El malestar se prolonga en el tiempo.
Hay una pérdida notable de interés en casi todas las áreas.
Se altera el ritmo vital (sueño, apetito, energía).
La persona deja de hacer cosas que eran importantes para ella.
Aparece una visión de uno mismo muy deteriorada y rígida.
Surgen ideas recurrentes de inutilidad o de que la vida no merece la pena.
No se trata de “poner una línea” exacta, sino de valorar el conjunto y el impacto en la vida cotidiana.
Por qué cuesta tanto pedir ayuda cuando hay depresión
Suele haber varios motivos:
Culpa y vergüenza: sensación de estar fallando, de no tener derecho a sentirse mal, de no “tener motivos suficientes”.
Comparaciones: “Otros están peor y tiran”, “no debería quejarme”.
Miedo al estigma: preocupación por lo que pensarán familiares, pareja, compañeros de trabajo.
Desesperanza: la idea de que nada va a cambiar hace que buscar ayuda parezca inútil.
Falta de energía: cuando todo cuesta, organizar una cita, explicar lo que pasa o iniciar un proceso parece una montaña.
Precisamente por eso, si una persona en depresión consigue dar el paso de pedir ayuda, ya está haciendo un esfuerzo enorme que conviene reconocer.
¿En qué se centra el tratamiento psicológico de la depresión?
La intervención no consiste solo en “hablar de cómo uno se siente”. Se trabaja en varias áreas a la vez, con una lógica muy concreta.
1. Evaluar y entender el caso concreto
Antes de intervenir, es importante entender:
cómo empezó el cuadro
qué lo ha mantenido
qué factores de vulnerabilidad hay
qué áreas están más afectadas (trabajo, estudios, relaciones, autocuidado)
La misma etiqueta (“depresión”) puede corresponder a realidades muy distintas; por eso la formulación individual es clave.
2. Recuperar actividad y contacto con lo que importa
Una parte central del tratamiento es la activación conductual:
reintroducir poco a poco tareas básicas (rutinas, horarios, autocuidado);
recuperar actividades que aportaban estímulo, aunque al principio no apetezcan;
ajustar expectativas (no empezar por metas imposibles, sino por pasos asumibles).
No se trata de “hacer por hacer”, sino de volver a conectar con contextos que generan experiencia de logro, interés o sentido, aunque al principio cueste.
3. Trabajar el estilo de pensamiento
En depresión suelen aparecer patrones como:
generalizaciones del tipo “todo me va mal”
lectura selectiva de lo negativo
descalificar lo que uno hace bien
anticipar fracaso antes de intentar nada
No se intenta “pensar en positivo”, sino mirar la situación con más precisión, poner a prueba ciertas conclusiones y abrir espacio a interpretaciones menos extremas.
4. Revisar la relación con uno mismo
La autocrítica severa, el perfeccionismo y la dificultad para reconocer necesidades suelen estar muy presentes. Se trabaja para:
identificar exigencias irreales
diferenciar responsabilidad de culpa
introducir una forma de hablarse a uno mismo menos agresiva y más ajustada
5. Ordenar el día a día y el cuerpo
Sueño, alimentación, movimiento físico y uso de pantallas tienen un impacto directo en el estado de ánimo. No se solucionan solos “cuando uno esté bien”; a menudo es al revés: empezar a intervenir aquí ayuda a que lo demás sea posible.
6. Apoyarse en medicación cuando es necesario
En algunos casos, especialmente cuando hay mucha inhibición, riesgo suicida o episodios depresivos severos, puede ser recomendable combinar la psicoterapia con tratamiento farmacológico, siempre supervisado por psiquiatría. Psicólogo y psiquiatra pueden coordinarse para definir el mejor plan.
Qué puede hacer el entorno
Familiares y amigos suelen sentirse perdidos: quieren ayudar, pero no saben cómo, y a veces terminan presionando o minimizando sin querer.
Algunas ideas útiles:
Evitar frases tipo “anímate”, “podría ser peor”, “tienes que poner de tu parte”.
Ofrecer disponibilidad concreta: acompañar a citas, ayudar con gestiones, proponer actividades sencillas.
Preguntar qué ayuda y qué no ayuda, en vez de asumirlo.
No reducir a la persona a su estado actual: recordar su historia, sus recursos, sus momentos de mayor estabilidad.
Tomar en serio cualquier comentario sobre cansancio vital o ideas de muerte, y buscar ayuda profesional si aparecen.
¿Cuándo tiene sentido pedir ayuda profesional?
No hace falta “tocar fondo” para consultar. Puede ser razonable buscar apoyo cuando:
El ánimo bajo se mantiene la mayor parte del día durante varias semanas.
Hay cambios claros en el sueño, el apetito o la energía.
Cuesta sostener responsabilidades que antes se llevaban sin problema.
La mente se llena de pensamientos de inutilidad, fracaso o culpa.
Se reducen los contactos sociales y las actividades que eran importantes.
Aparecen ideas de que la vida no merece la pena o de que todo estaría mejor sin uno.
A veces la persona no tiene fuerzas para dar el paso; en esos casos, que alguien del entorno acompañe en la búsqueda de ayuda puede marcar la diferencia.
Lo que te tienes que llevar
La depresión no define a la persona, pero sí condiciona su forma de sentirse y de verse a sí misma. Entender lo que está ocurriendo es un primer paso para salir del círculo. A partir de ahí, el trabajo terapéutico se centra en recuperar ritmo, estructura, vínculos y sentido, no en forzar un optimismo artificial.
Si te reconoces en varias de las descripciones anteriores, puede ser un buen momento para parar, poner nombre a lo que está pasando y valorar opciones de ayuda. No se trata de “ser fuerte” o “aguantar”, sino de dejar de hacerlo en solitario.
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