TDAH: ENTRE LA NEURODIVERSIDAD, LA FUNCIONALIDAD Y EL SOBREDIAGNÓSTICO
GILGUT Psicólogos
9/16/20254 min read


En los últimos años el TDAH ha pasado de ser un diagnóstico relativamente poco conocido a convertirse en un término omnipresente. Se habla de TDAH en redes sociales, en escuelas y hasta en conversaciones casuales: “soy super TDAH”, “me distraigo, debo tener TDAH”, “no puedo organizarme, seguro que es TDAH”. El problema no es que se hable, sino cómo se habla.
El TDAH es un trastorno real, con base neurobiológica y un impacto claro en la vida de muchas personas. Negarlo es irresponsable. Pero sobrediagnosticarlo también lo es. Entre ambos extremos hay un punto de análisis que merece espacio: entender qué es el TDAH, qué no es, cómo se confunde con otras cosas, y por qué hay tanta gente recibiendo este diagnóstico sin una evaluación seria.
Qué es el TDAH (y qué no es)
Cuando hablamos de TDAH nos referimos a un patrón persistente de dificultades en atención, actividad e impulsividad que:
aparece desde etapas tempranas
se mantiene en distintos contextos (escuela, casa, trabajo)
afecta a la funcionalidad del día a día
no se explica mejor por otros factores (emocionales, médicos, sociales)
No se trata de “ser despistado”, “aburrirse en clase” o “tener mala letra”. Tampoco es una excusa para cualquier conducta impulsiva. El TDAH implica alteraciones en funciones ejecutivas como:
inhibición de respuesta
mantenimiento de la atención
memoria de trabajo
planificación
organización
Esto suele generar dificultades reales en estudios, trabajo, relaciones y autoestima.
Los síntomas son fáciles de entender. El contexto no.
Uno de los motivos del sobrediagnóstico es que los síntomas son universales:
todos nos distraemos
todos procrastinamos
todos miramos el móvil demasiado
todos nos aburrimos en tareas largas
La diferencia está en la intensidad, la frecuencia y el impacto funcional.
El problema es que hoy vivimos en un entorno que erosiona la atención de cualquiera: multitarea, hiperestimulación digital, notificaciones constantes, escasez de aburrimiento. Muchas de las quejas que antes eran situacionales ahora se leen como “síntomas”.
Sobrediagnóstico: por qué está pasando
Hay varios factores que explican el aumento de diagnósticos dudosos:
1. Psicopatologización de la vida cotidiana
Cualquier rasgo o dificultad empieza a verse como un trastorno.
No tener atención perfecta no es una patología; es humana.
2. Evaluaciones rápidas y superficiales
Cuestionarios breves, entrevistas cortas o diagnósticos por videollamada sin explorar historia evolutiva, contexto familiar o comorbilidades.
3. Confusión con ansiedad, trauma y depresión
Una persona ansiosa puede parecer desatenta.
Una persona deprimida puede parecer desmotivada.
Una persona traumatizada puede desconectar cognitivamente.
No todo lo que parece TDAH lo es.
4. Intereses escolares
En algunos contextos el diagnóstico facilita recursos, adaptaciones o comprensión. Eso no es malo en sí, pero no puede sustituir una evaluación clínica seria.
5. Redes sociales y autoetiquetado
La divulgación ha ayudado mucho a que adultos se identifiquen, pero también ha generado sobre-identificación. Ver un vídeo de 20 segundos diciendo “si te distraes, es TDAH” no es psicoeducación.
Entonces… ¿existe el TDAH o está de moda?
Existe, y mucho. Pero no en todas partes donde parece.
Un TDAH real deja huellas concretas:
historial infantil (informes, suspensos, quejas, conflictos)
dificultades mantenidas en múltiples áreas
uso reiterado de compensaciones (rutinas, alarmas, ayuda externa)
afectación en autoestima (“soy vago / soy tonto / no valgo”)
sensación de desbordamiento ante tareas simples para otros
Cuando alguien nunca tuvo problemas antes de la universidad, o antes de un cuadro ansioso, o después de un trauma, conviene mirar más allá del síntoma.
El problema de reducirlo a “déficit de atención”
El nombre juega una mala pasada: el TDAH no es un “deficit de atención”, es un desajuste en la regulación de la atención. Algunas personas con TDAH se hiperfocalizan en tareas que les interesan y se pierden en tareas que no.
Más que déficit, hay dificultad para dirigir voluntariamente la atención hacia lo que el entorno exige, no hacia lo que el cerebro valora como motivante.
TDAH y funciones ejecutivas
Para hacerlo claro:
Corteza prefrontal → planificación, organización, inhibición
Cuerpo estriado y dopamina → motivación, esfuerzo, recompensa
En el TDAH hay una hipoactivación relativa de circuitos prefrontales y alteraciones dopaminérgicas que hacen que tareas “neutras” sean un esfuerzo enorme. No es falta de interés; es coste cognitivo.
Lo que se confunde con TDAH (y mucho)
Ansiedad → distrae y genera inquietud
Depresión → reduce motivación y ralentiza procesos
Trauma → produce desconexión y problemas de memoria de trabajo
Sueño insuficiente → afecta directamente a atención
Uso de pantallas → fragmenta la capacidad atencional
Rasgos de personalidad (impulsividad, búsqueda de novedad)
Altas capacidades → aburrimiento y desmotivación en el aula
Entornos educativos rígidos → castigan la variabilidad
Si no se explora todo esto, el diagnóstico puede ser incorrecto o incompleto.
Sobrediagnóstico no significa inflación; significa falta de matiz
Decir que hay sobrediagnóstico no es negar el trastorno, es señalar que:
hay personas con TDAH sin diagnosticar (especialmente mujeres y adultos)
hay personas diagnosticadas sin una evaluación diferencial seria
hay niños patologizados cuando lo que hay es inmadurez o contexto
hay adultos etiquetados cuando lo que hay es ansiedad, trauma o burnout
Ambos fenómenos son reales.
Tratamiento: más allá de la medicación
El tratamiento más eficaz suele ser combinado, especialmente en adultos:
psicoeducación (entender cómo funciona el trastorno)
entrenamiento en funciones ejecutivas
gestión del tiempo y del esfuerzo
adaptaciones ambientales
intervención emocional
trabajo con autoestima
medicación cuando está indicada (y no siempre lo está)
La medicación puede ayudar mucho, pero no es la única herramienta, ni tiene sentido si el diagnóstico es superficial.
¿Entonces?
El TDAH no es una moda, pero la moda de explicarlo todo con TDAH existe.
Ni negacionismo, ni sobrediagnóstico indiscriminado: matiz clínico y evaluación rigurosa.
Si alguien se reconoce en este artículo, lo razonable no es autoetiquetarse, sino plantearse una evaluación diferencial seria, que incluya historia evolutiva, contexto, cognición, emoción y funcionalidad. Porque el síntoma se parece, pero la causa no siempre es la misma.
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