TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA: CUANDO EL CUERPO SE CONVIERTE EN TERRITORIO
GILGUT Psicólogos
12/7/20254 min read


Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) no van realmente de comida, ni de peso, ni de estética —al menos no en su núcleo. Lo alimentario suele ser el escenario, no el conflicto central. En la mayoría de los casos hay una lucha por controlar algo cuando el resto de la vida parece incontrolable: el cuerpo, las calorías, la báscula, los rituales… todo eso funciona como una especie de sistema para regular ansiedad, dolor, vacío, culpa o sensación de desborde.
Hay múltiples formas de TCA: anorexia, bulimia, trastorno por atracón, evitación restrictiva, etc. Cada una tiene síntomas distintos, pero comparten un eje: la relación con el cuerpo y con la comida se vuelve rígida, desgastante y absorbe la vida.
No es un problema de vanidad
Desde fuera puede parecer que la persona está “obsesionada con adelgazar”, “cuidando mucho su alimentación” o “teniendo fuerza de voluntad”. Desde dentro suele ser otra cosa:
una forma de poner límites cuando no se saben poner de otra manera
una manera de sentir control cuando todo lo demás parece incierto
un intento de gestionar emociones difíciles a través del cuerpo
una forma de definir identidad o valor personal (“valgo si controlo”)
Hablar de vanidad o superficialidad es no entender absolutamente nada del problema y añadir culpa al sufrimiento.
Cómo afecta el TCA al cuerpo y a la mente
Un TCA afecta a varios niveles al mismo tiempo.
A nivel cognitivo
pensamientos intrusivos sobre peso, forma corporal o comida
creencias rígidas (“si como X, engordo”, “si no entreno, fracaso”)
cálculo constante de calorías, pasos, horarios, compensaciones
autocrítica severa y comparación social permanente
A nivel emocional
ansiedad asociada a la comida o a las rutinas
culpa tras comer
miedo a perder el control
sensación de vacío o desconexión
irritabilidad cuando el control se interrumpe
A nivel conductual
restricción alimentaria
atracones
vómitos autoinducidos
uso abusivo de ejercicio para “compensar”
evitar comer en compañía
rituales alrededor de la comida
esconder comida o mentir sobre ingestas
A nivel físico
cambios de peso
problemas digestivos
alteraciones hormonales
fatiga crónica
mareos, síncopes
alteraciones menstruales
daño dental (en bulimia)
problemas cardíacos (en casos severos)
Son cuadros que consumen tiempo, energía y salud, incluso cuando por fuera la persona funciona “bien”.
No todos los TCA se ven a simple vista
Esta frase es clave: la gravedad no se mide por el peso.
Hay personas con peso normal o incluso alto que cumplen criterios de bulimia o de trastorno por atracón, y su sufrimiento es igual de real. También existe anorexia de peso normal o fluctuante.
Reducir un TCA a “se le ven los huesos / no se le ven” es una forma muy dañina de entenderlo y un motivo frecuente por el que no se pide ayuda.
Las formas más frecuentes de TCA (de manera útil, no académica)
No voy a describirlos con criterios diagnósticos, sino con cómo se viven.
1. Anorexia nerviosa
La vida se articula alrededor de evitar engordar. Esto implica:
restricción intensa
rituales alrededor de la comida
miedo a ganar peso
control excesivo del cuerpo (medidas, espejo, ropa)
percepción distorsionada de la propia imagen
No es que la persona “no vea la realidad”, es que la realidad corporal se vive desde una lógica distinta, atravesada por miedo y autoexigencia.
2. Bulimia nerviosa
Aquí el eje es el ciclo: restricción → hambre fisiológica o emocional → atracón → culpa → conductas compensatorias (vómito, ejercicio, ayuno, laxantes)
Es un círculo que se retroalimenta. Lo importante no es juzgar el ciclo, sino entender por qué empezó.
3. Trastorno por atracón
Hay episodios de ingesta muy rápida y excesiva acompañados de culpa y malestar, pero sin conductas compensatorias. No es “comer mucho” ni “falta de voluntad”. Suele haber antecedentes de:
dietas restrictivas
relación compleja con el propio cuerpo
dificultades para regular emociones
vergüenza y aislamiento
¿De dónde viene un TCA?
No hay una única causa. Suele ser una suma de factores:
vulnerabilidades personales (perfeccionismo, sensibilidad al rechazo, necesidad de control)
contexto sociocultural (culto a la delgadez, redes sociales, deportes estéticos)
historia emocional (críticas al cuerpo, experiencias de bullying, comparaciones)
dinámica familiar (comentarios sobre peso, expectativas, silencios emocionales)
eventos estresantes o traumáticos
dietas y restricciones tempranas
Más que buscar “la causa”, tiene sentido entender qué función cumple el síntoma en la vida de la persona.
Qué mantiene un TCA en el tiempo
Tres cosas esenciales:
Restricción → atracón → culpa → restricción
(en bulimia y trastorno por atracón)Control → alivio → control más rígido
(en anorexia)Evitar emociones → usar el cuerpo para regular
(en casi todos los TCA)
El síntoma ayuda a corto plazo pero complica la vida a largo plazo.
El papel del entorno
El entorno puede ayudar o sin querer empeorar la situación:
Lo que suele ayudar:
no comentar el cuerpo ni el peso
no controlar la comida de la persona
acompañar a consultas médicas o terapéuticas
ofrecer apoyo sin vigilar
preguntar qué necesita y qué le dificulta
validar el sufrimiento aunque “no se entienda del todo”
Lo que suele complicar:
decir “come más”, “come menos”
frases tipo “estás estupenda / estás fatal”
comparar cuerpos
buscar culpables
hacer bromas
convertir la comida en un campo de batalla
El cuerpo no es el problema; es el lenguaje de otro problema.
Intervención terapéutica: qué se hace realmente
La intervención no consiste en convencer a alguien de que “coma normal”. Se trabaja en varias capas:
nutricional (restaurar hábitos y romper ciclos restrictivos)
emocional (identificar y regular emociones difíciles)
cognitiva (creencias sobre cuerpo, valor personal, control)
conductual (rituales, compensaciones, evitaciones)
familiar (cuando es necesario)
médica (cuando hay riesgo físico)
En fases más graves la prioridad es médica y se requiere equipo multidisciplinar.
¿Cuándo buscar ayuda?
Tiene sentido pedir ayuda cuando:
la comida o el cuerpo ocupan gran parte de la mente
hay atracones o compensaciones
hay restricciones importantes
el deporte está ligado a culpa
hay cambios de peso notables
la vida social se ve afectada (comer con otros, planes, viajes)
hay síntomas físicos (mareos, desmayos, irregularidades menstruales)
aparecen ideas de inutilidad o vergüenza intensa
No hace falta “tocar fondo” ni cumplir todos los criterios diagnósticos. La intervención es más eficaz cuando se empieza antes.
Tenlo en cuenta
Los TCA son formas de intentar resolver algo que duele, no caprichos ni búsquedas de atención. No se arreglan con fuerza de voluntad ni con argumentos racionales. Se trabajan comprendiendo la función del síntoma, recuperando la confianza corporal y construyendo una forma distinta de estar en la vida que no pase por el control constante.
Si te reconoces en estas líneas, puede ser un buen momento para preguntarte no “qué hago con la comida”, sino qué está intentando resolver la comida por mí —y empezar a no hacerlo en soledad.
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