TRASTORNOS DE ANSIEDAD: CUANDO EL SISTEMA DE ALARMA NO SABE DESCONECTARSE
GILGUT Psicólogos
12/22/20255 min read


La ansiedad es una respuesta humana útil: prepara al cuerpo para afrontar una amenaza, activa recursos físicos y cognitivos, y nos ayuda a reaccionar. El problema no es la ansiedad en sí, sino cuando se dispara en contextos donde no hace falta, o se vuelve tan intensa y persistente que empieza a absorber la vida de la persona.
Los trastornos de ansiedad tienen en común esa sensación de alerta constante, de anticipar peligro incluso cuando objetivamente no lo hay, o de experimentar síntomas físicos muy intensos que se interpretan como señales de catástrofe. Aun así, no todas las ansiedades son iguales: no es lo mismo preocuparse sin parar que sufrir ataques de pánico, ni evitar situaciones sociales que revivir un trauma.
Lo que sigue no es una lista académica, sino una forma de entender los cuadros de ansiedad más frecuentes y cómo impactan en la vida real.
Qué ocurre en el cuerpo y en la mente cuando hay ansiedad
La ansiedad suele combinar cambios:
Fisiológicos: aceleración del pulso, respiración rápida, tensión muscular, sudoración, temblores, molestias gastrointestinales, sensación de ahogo, hormigueo.
Cognitivos: preocupaciones anticipatorias, pensamientos catastrofistas, sensación de amenaza, hipervigilancia.
Conductuales: evitar situaciones, pedir tranquilidad constantemente, chequear síntomas físicos, escapar de lugares, posponer decisiones.
Es importante entender que el cuerpo no distingue entre “voy a tener un accidente” y “creo que voy a hacer el ridículo en una reunión”: activa el mismo sistema defensivo.
Cuando esa activación es muy frecuente o muy intensa, la calidad de vida disminuye y aparecen cuadros concretos.
1. Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)
“Mi cabeza no para”
El TAG se caracteriza por preocupaciones excesivas, persistentes y difíciles de controlar, orientadas a múltiples temas: salud, trabajo, familia, economía, futuro… No es una preocupación puntual, sino una sensación constante de que algo malo puede pasar.
Las personas con TAG suelen describir:
mente acelerada
tensión muscular
nerviosismo casi continuo
dificultad para relajarse
problemas para dormir porque “aparecen todas las preocupaciones por la noche”
No hay una gran crisis ni un episodio brusco; es más una preocupación crónica que consume energía y tiempo.
En terapia, el foco está en:
entender el papel de la preocupación (a veces se usa para sentir control)
identificar sesgos de interpretación
practicar tolerancia a la incertidumbre
trabajar tensión corporal y patrones del sueño
reducir conductas que mantienen el problema (evitar, chequear, pedir tranquilidad)
2. Trastorno de Pánico
“El miedo a tener miedo”
En el trastorno de pánico aparecen ataques de pánico inesperados, seguidos de un miedo persistente a volver a tenerlos. Un ataque de pánico es una ola brusca de miedo acompañada de síntomas físicos muy intensos:
taquicardia
sensación de ahogo
mareo o inestabilidad
visión borrosa
hormigueo
sensación de irrealidad
miedo a perder el control, volverse loco o morir
Los ataques duran minutos, pero dejan una huella: la persona empieza a temer que vuelva a ocurrir, sobre todo en lugares donde “escapar” es difícil (supermercados, transporte público, reuniones, conducir).
Esto puede derivar en agorafobia, donde se evita salir solo, viajar o estar en sitios abarrotados.
El tratamiento trabaja habitualmente:
exposición interoceptiva (a sensaciones físicas)
reestructuración de creencias catastróficas (“esto significa infarto”)
reducción de evitaciones y conductas de seguridad
recuperar autonomía en espacios temidos
3. Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC)
“Si no hago esto, algo malo pasará”
En el TOC hay dos componentes:
Obsesiones → pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos que generan malestar (contaminación, daño, temas morales, dudas sobre acciones, etc.)
Compulsiones → actos mentales o conductuales para neutralizar ese malestar (lavarse, comprobar, ordenar, pedir confirmación, revisar mentalmente)
El problema no está en el contenido del pensamiento (casi todos tenemos intrusiones), sino en la forma de relacionarse con él: se le da un significado peligroso y se realizan rituales para reducir la ansiedad, lo que mantiene el ciclo.
El tratamiento se centra en:
exposición con prevención de respuesta (E+PR)
cambiar la interpretación de las intrusiones
reducir rituales y conductas de seguridad
tolerancia a la duda y a la incertidumbre
No se trata de “dejar de pensar”, sino de dejar de responder.
4. Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT)
“El peligro ya pasó, pero mi cuerpo no lo sabe”
El TEPT aparece tras una experiencia traumática (accidente, agresión, abuso, catástrofe, guerra, etc.). La persona no revive el recuerdo como un relato, sino como si volviera a suceder: con imágenes, olores, sonidos, sensaciones físicas, etc.
Suelen aparecer:
reexperimentación (flashbacks, pesadillas, intrusiones)
hipervigilancia (estar en alerta constante, sobresaltarse con facilidad)
evitación (lugares, personas, conversaciones, sensaciones)
alteraciones del ánimo (culpa, irritabilidad, anestesia emocional, desconexión)
cambios cognitivos (creencias sobre uno mismo, el mundo y la culpa)
No es un problema de “pasar página”. El cuerpo permanece en modo supervivencia, aunque el peligro ya no esté.
El tratamiento suele trabajar:
procesamiento del trauma
integración del recuerdo
regulación fisiológica
reducción de evitaciones
reconstrucción de creencias sobre seguridad y control
5. Hipocondría / Ansiedad por la salud
“El cuerpo se convierte en amenaza”
Aquí la preocupación gira en torno a la posibilidad de sufrir una enfermedad grave. La persona está muy atenta a sensaciones corporales y las interpreta como signos de enfermedad:
un hormigueo como señal de ictus
una molestia como cáncer
una taquicardia como infarto
Se realizan conductas como:
búsqueda constante en internet
visitas repetidas al médico
pedir pruebas
pedir tranquilidad a familiares
comprobar el cuerpo delante del espejo
El problema no es “ser sensible” al cuerpo, sino la interpretación catastrófica y la búsqueda de confirmación, que alivia a corto plazo pero alimenta el problema a largo plazo.
En terapia se trabaja:
tolerancia a la incertidumbre médica
exposición a sensaciones corporales
reinterpretación de síntomas
reducción de chequeos y consultas tranquilizadoras
6. Fobia específica
“El miedo se concentra en un objeto o situación”
Aquí el miedo está muy focalizado: volar, sangre, agujas, animales, alturas, conducir, atragantarse, etc.
La persona reconoce que su reacción es excesiva, pero no puede evitarla, porque el miedo no pasa por la lógica sino por el sistema defensivo.
Lo central suele ser:
pensamientos de catástrofe (“si vuelo se cae el avión”)
activación fisiológica
evitación sistemática
El tratamiento más útil es la exposición gradual, que permite que el cerebro “se actualice”: aprender que el miedo sube, pero luego baja sin necesidad de escapar.
7. Fobia social / Ansiedad social
“El miedo no es al público, es al juicio”
La fobia social no es timidez. Es el miedo intenso a ser evaluado, ridiculizado o rechazado en situaciones donde hay otros. No solo es hablar en público; puede ser comer frente a otros, participar en reuniones, hacer preguntas, ligar o incluso mirar a los ojos.
La mente se llena de anticipaciones:
“Voy a quedarme en blanco”
“Van a notar que estoy nervioso”
“Van a pensar que soy raro”
“No sé qué decir”
Y antes de que ocurra nada, el cuerpo ya está en modo alarma.
La intervención trabaja:
exposición a situaciones sociales
reducción de autoobservación (la persona deja de evaluarse tanto a sí misma)
cuestionar predicciones negativas
habilidades sociales si hace falta
ampliar círculos de interacción reales
El foco no es “ser sociable”, sino reducir el miedo al juicio.
Un problema común: la evitación
Aunque los trastornos de ansiedad son distintos entre sí, comparten un mecanismo que suele mantenerlos:
La evitación.
Si algo da miedo y lo evito, mi mente aprende:
“Si lo hubiese enfrentado, habría pasado algo terrible.”
A corto plazo baja la ansiedad.
A largo plazo se hace más grande.
Por eso el abordaje suele incluir exposición gradual, tolerancia a sensaciones y flexibilidad cognitiva.
¿Cuándo es útil pedir ayuda?
Cuando la ansiedad:
limita la vida social o laboral
reduce actividades que antes importaban
afecta a la salud física (sueño, alimentación, tensión muscular)
genera miedo a sensaciones corporales
provoca evitaciones constantes
hace que la vida se estreche en lugar de expandirse
La ansiedad no significa que la persona sea débil o frágil; suele significar que el sistema de alarma ha aprendido a sonar demasiado pronto y demasiado fuerte. La terapia no apaga la alarma: le enseña a calibrarse.
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